lunes, 12 de diciembre de 2011

XI



Una almohada de agujas que atraviesen mi cara cuando quiera dormir, morir. Porque dormir en mi caso significa la muerte en vida. Cada vez que me recuesto y cierro los ojos siento que estoy desperdiciando horas de forma conciente.
Hoy me encontré mirando la nada, y todo el resto hacia adentro. En mi cabeza hay más voces y palabras que imágenes, y las palabras iban pisando a las que le seguían sin poder formar siquiera algo entendible, como un rayón en la pared. Ante tanto mareo presioné mis manos muy fuerte contra el pecho y sentí de alguna forma mi corazón estallando dentro del cuerpo. Caliente, todo hacia adentro, adormecida. En ese momento mis brazos se empaparon de lágrimas y mis lágrimas de brazos, y lloré y reí de risa reí y lloré.
No importa cómo ni qué, lo importante es despertarse todos los días con algo para decir.