Una anciana con las manos atadas a su asiento móvil
parece haber muerto, parece saber.
Cuenta regresiva. Tres. Dos. Uno.
Mendigo (o poeta) camina de rodillas por la vereda,
dice algo, canta, su cuerpo se inclina al cielo y recibe al sol.
Suelta unas palabras, se reincorpora con su único pie
y salta: uno, dos, tres.
Chico del café con ojos de androide,
conectado a la máquina, alguien le robó el alma.
Me saluda, me pregunta cómo estoy.
Silencio. Tres. Dos. Uno.
Estoy.
Olor a infancia, sabor a llaves, ruido hacia adentro.
Reminiscencia.
Y dormir con vidrios bajo la almohada.
parece haber muerto, parece saber.
Cuenta regresiva. Tres. Dos. Uno.
Mendigo (o poeta) camina de rodillas por la vereda,
dice algo, canta, su cuerpo se inclina al cielo y recibe al sol.
Suelta unas palabras, se reincorpora con su único pie
y salta: uno, dos, tres.
Chico del café con ojos de androide,
conectado a la máquina, alguien le robó el alma.
Me saluda, me pregunta cómo estoy.
Silencio. Tres. Dos. Uno.
Estoy.
Olor a infancia, sabor a llaves, ruido hacia adentro.
Reminiscencia.
Y dormir con vidrios bajo la almohada.


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