martes, 1 de mayo de 2012

Vidrios

Una anciana con las manos atadas a su asiento móvil
parece haber muerto, parece saber.
Cuenta regresiva. Tres. Dos. Uno.
Mendigo (o poeta) camina de rodillas por la vereda,
dice algo, canta, su cuerpo se inclina al cielo y recibe al sol.
Suelta unas palabras, se reincorpora con su único pie
y salta: uno, dos, tres.
Chico del café con ojos de androide,
conectado a la máquina, alguien le robó el alma.
Me saluda, me pregunta cómo estoy.
Silencio. Tres. Dos. Uno.
Estoy.
Olor a infancia, sabor a llaves, ruido hacia adentro.
Reminiscencia.
Y dormir con vidrios bajo la almohada.

No hay comentarios: