Me voy a ligar las trompas y nos vamos a ir al Norte a coger para toda la vida.
Allá espero encontrar menos frío en el corazón de los humanos.
No quiero tener que esclavizarme a un lugar al que no elegí caer. Es tiempo de salir a ver qué hay si es que hay, y abandonar la teoría por completo.
No quiero regalarle nunca más mi tiempo, mis lágrimas y angustia a personas a las que no les importa si vivo o muero.
Nadie
sabe de qué manera ser feliz, ni qué conlleva esa palabra, quizás después de muertos sigamos sin
saber. O quizás todo esto es un ridículo juego de ajedrez en el que un idiota es Rey.
Pero
yo quiero bailar toda la noche, que la noche se alimente de la misma
noche, que se beba al día, que se coma al sol. Que se caiga el universo
sobre mi cara y me moje de polvo estelar y sangre negra.
Y que "procrastinar" sea sólo un ruido molesto difícil de pronunciar y nunca más una palabra con sentido.
jueves, 3 de julio de 2014
domingo, 27 de abril de 2014
Canción o algo así
Ir hasta el fondo
escapando del miedo
en cámara lenta.
Ya no se siquiera si estoy.
Ya no se siquiera si estoy.
Sangro y deliro,
me asfixia la noche.
Escucho sus risas,
me quiero ir.
No existe el tiempo
No existe el tiempo
en este plano lunar.
Siempre estoy
corriendo en espiral.
Ya no hay nadie,
la fiesta terminó
y me olvidé
como sigue todo.
sábado, 22 de marzo de 2014
Engendro
Soy un alien,
soy un monstruo,
soy los ojos que te comen los ojos.
Y está bien que así sea.
Vos me tenés miedo
Y está bien que así sea.
Vos me tenés miedo
y yo pienso
que sos un pelotudo.
Bebé asfixiado por el color violeta.
viernes, 18 de octubre de 2013
martes, 14 de mayo de 2013
Vómito irracional
R: Esa necesidad de ser importantes para los demás cuando no nos importamos ni nosotros mismos.
N: Mi voz es la que me salva. Extirpar palabras que dañan, coserlas y crear nuevas.
Las palabras mataron al lenguaje y yo me volví un conjunto de fonemas.
El olor a carne podrida es incluso preferible a una mente hedionda y desgastada.
Estoy tan sola que no puedo parar de hablarme, es todo tan silencioso que no puedo parar de bailar. Chasquido, ¡pum! ¡voilà!
Nunca creí en los trucos de magia, pero ilusionar a un mago es un acto noble y considerado.
Hay que matar al aburrimiento antes de que lleve ventaja, hay que jugar para siempre con nuestros amigos imaginarios, que nos invitan a fiestas imaginarias donde todos tienen la piel lila y el pelo azul lleno de flores.
N: Mi voz es la que me salva. Extirpar palabras que dañan, coserlas y crear nuevas.
Las palabras mataron al lenguaje y yo me volví un conjunto de fonemas.
El olor a carne podrida es incluso preferible a una mente hedionda y desgastada.
Estoy tan sola que no puedo parar de hablarme, es todo tan silencioso que no puedo parar de bailar. Chasquido, ¡pum! ¡voilà!
Nunca creí en los trucos de magia, pero ilusionar a un mago es un acto noble y considerado.
Hay que matar al aburrimiento antes de que lleve ventaja, hay que jugar para siempre con nuestros amigos imaginarios, que nos invitan a fiestas imaginarias donde todos tienen la piel lila y el pelo azul lleno de flores.
Deformidad
No me arrojes al viento ni me alejes de él.
Abríme despacio y lamé mis huesos.
Una vez él me mató cuando yo era anciana
mientras yo gritaba "no quiero estar sola".
Si pudiera, volvería atrás al futuro y me violaría.
Mi rostro entra en el espejo en una evaporación azul.
¡Qué las moscas no se coman el pan!
Y cuando diga "ya", me vas a soplar la cara
hasta que se deshaga en tu lenguaje
y ambos seamos fundidos en una
constelación con forma de gota de sangre.
Quisiera poder decir tu nombre sin tener que pronunciarme.
Abríme despacio y lamé mis huesos.
Una vez él me mató cuando yo era anciana
mientras yo gritaba "no quiero estar sola".
Si pudiera, volvería atrás al futuro y me violaría.
Mi rostro entra en el espejo en una evaporación azul.
¡Qué las moscas no se coman el pan!
Y cuando diga "ya", me vas a soplar la cara
hasta que se deshaga en tu lenguaje
y ambos seamos fundidos en una
constelación con forma de gota de sangre.
Quisiera poder decir tu nombre sin tener que pronunciarme.
No engañás a nadie
22/4/2013
Miraba el vacío que me invitaba a conversar desde su cama. Creía que estaba muerta, casi me convenzo de carecer de alma. Él dormía y yo sólo quería esconderme en algún lugar. Todo es un supuesto. Lo extraño es que cogemos con otro para sentir vacío. Un masoquismo irracional. Para llenarnos hacemos el amor, y qué delgada línea hay entre la realidad y la ficción.
Recién amanecía y yo estaba en lo alto. La caída libre me cortaba la cara a medida que iba cayendo boca abajo con los ojos cerrados, mientras que yo misma me recibía boca arriba recostada en la tierra. El impacto fue sublime. Un llenarse de sí mismo en una explosión mental. Deja vu constante. Él, que puede ser aquel o ese otro, me mira en la oscuridad y se masturba con nerviosismo hasta bañarme en sus fluidos y yo lo miro inerte como quien se enfrenta al tedio por vigésimo tercera vez. Otra vez cierro los ojos para esconderme de mí.
Amanece otra vez. Me duele algo y no sé qué es. Lo primero que veo es una pared blanca con frases escritas y papelitos recortados. Estoy en tu cuarto. Me doy vuelta y estás ahí. Me detengo en tus pestañitas de niño amado hasta que decidís abrirlos en un nuevo día por primera vez. Dejo de sentir ese malestar y te abrazo todo lo que puedo, y siento que estoy cada vez más cerca de la tierra, y que me recibo desde diez mil millones de caídas libre de mí misma una y otra vez. No quiero soltarte, siempre que lo hago parece que es para siempre. Y todo el tiempo tengo miedo de no verte una última vez más. ¿Existe acaso un final real? No engañás a nadie con esos tacos, Martincito.
Miraba el vacío que me invitaba a conversar desde su cama. Creía que estaba muerta, casi me convenzo de carecer de alma. Él dormía y yo sólo quería esconderme en algún lugar. Todo es un supuesto. Lo extraño es que cogemos con otro para sentir vacío. Un masoquismo irracional. Para llenarnos hacemos el amor, y qué delgada línea hay entre la realidad y la ficción.
Recién amanecía y yo estaba en lo alto. La caída libre me cortaba la cara a medida que iba cayendo boca abajo con los ojos cerrados, mientras que yo misma me recibía boca arriba recostada en la tierra. El impacto fue sublime. Un llenarse de sí mismo en una explosión mental. Deja vu constante. Él, que puede ser aquel o ese otro, me mira en la oscuridad y se masturba con nerviosismo hasta bañarme en sus fluidos y yo lo miro inerte como quien se enfrenta al tedio por vigésimo tercera vez. Otra vez cierro los ojos para esconderme de mí.
Amanece otra vez. Me duele algo y no sé qué es. Lo primero que veo es una pared blanca con frases escritas y papelitos recortados. Estoy en tu cuarto. Me doy vuelta y estás ahí. Me detengo en tus pestañitas de niño amado hasta que decidís abrirlos en un nuevo día por primera vez. Dejo de sentir ese malestar y te abrazo todo lo que puedo, y siento que estoy cada vez más cerca de la tierra, y que me recibo desde diez mil millones de caídas libre de mí misma una y otra vez. No quiero soltarte, siempre que lo hago parece que es para siempre. Y todo el tiempo tengo miedo de no verte una última vez más. ¿Existe acaso un final real? No engañás a nadie con esos tacos, Martincito.
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